Editorial: "La hallaca marásmica" - Boletín ANM

24.12.2018
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1 Comentario
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Editorial.-

Alberto Paniz Mondolfi
Boletín Academia Nacional de Medicina – Edición de diciembre
Editor

En lenta agonía ha transcurrido el 2018 para Venezuela. Sin duda un año que será recordado tal vez como el más devastador de su vida republicana. El experimento distópico denominado socialismo del siglo XXI ha superado las barreras de la ficción convirtiendo a nuestro país en un triste paisaje, solamente comparable con aquellos parajes que sirven de contexto a la narrativa desarrollada en la ciudad de Oran en las páginas de La Peste de Camus.

Con la tasa de inflación anual mas alta del mundo, la cual según predicciones del fondo monetario internacional promete alcanzar sobre el millón por ciento al cierre de éste año, la revolución ha condenado a casi el 70% del país a vivir en condiciones de pobreza extrema escudados bajo la fábula de una guerra económica que solo existe en los panfletos y guiones de evasión de todo régimen socialista fracasado.

Éste deterioro en el poder adquisitivo de los venezolanos aunado a la contracción del sector productivo nacional y una disminución drástica en el volumen de las importaciones ha comprometido severamente la alimentación de los venezolanos. Todos éstos indicadores impactan de manera directamente proporcional el estado nutricional de los ciudadanos, reflejándose en que alrededor del 60% de la población infantil de nuestro país hoy sufre algún grado de desnutrición, con cerca de 280.000 niños en riesgo de muerte a causa de desnutrición severa.

Por otro lado, la implementación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) ha develado la cara mas perversa de un gobierno sin escrúpulos el cual mediante la aplicación de un sistema de distribución políticamente discriminatorio que no ha hecho sino fomentar y promover la corrupción a través de redes de distribución de alimentos, nos ha impuesto la macabra fórmula del “control social a través del hambre”.

Hoy las calles de Venezuela muestran un panorama desolador, un retrato vivo de la miseria. Largas colas en búsqueda de unos pocos productos a precios regulados que a duras penas aminoran dos días de hambre. La población de la tercera edad sufriendo los embates del cansancio en sus añosos cuerpos a la puerta de los bancos para hacerse de una devaluada pensión que no alcanza ni para comprar un kilo de arroz. Y por supuesto, la indigencia creciendo exponencialmente en torno a los vertederos de urbanizaciones, restaurantes, panaderías, mercados y casas para hacerse con el poco alimento diario que atenúe sus “borborigmos”, ó mejor dicho: los gritos desesperados de sus entrañas hambreadas. La situación ha llegado a tal extremo que somos muchos los venezolanos que hemos sido sorprendidos al presenciar contiendas entre la gente hurgando en la basura y los catártidos (zamuros) carroñeros que abundan y han proliferado en estos últimos tiempos en nuestro país.

Tal vez la mayor prueba de escasez en la mesa del venezolano se vea expresada hoy en la merma de su tradicional hallaca, cuyos ingredientes se han hecho inalcanzables para la mayoría de los venezolanos de a pie. Hecho éste que contrasta curiosamente con una de las teorías del anecdotario popular venezolano que señala que “la hallaca era confeccionada por los esclavos a partir de sobrantes de las comidas de las familias acomodadas caraqueñas al mezclarse con la harina de maíz a forma de bollos”. De probar ser cierta esta teoría, podríamos afirmar que a los venezolanos no solo se nos ha despojado de la materia prima de nuestro tradicional plato sino que igualmente se nos ha intentado despojar a migajas nuestra dignidad, cultura y tradición, estrategia frecuente de los estados socialistas en su afán de injertar su propia idiosincrasia.

Pero probablemente lo que la barbarie no ha considerado en sus fríamente calculadas estrategias de control, es el carácter resiliente de nuestra hallaca como elemento del venezolanismo indoblegable. El laboratorio socialista caribeño no ha sabido medir el alcance de ésta tradición y de lo que somos capaces los venezolanos para que ésta nunca falte en nuestras mesas en la celebración de noche buena. Muchas son las anécdotas de las quijotescas campañas que hemos emprendido aquellos que nos ha tocado vivir lejos de casa para hacerlas. Sin embargo no podía obviar una historia tan representativa de nuestro gentilicio, que además tiene como protagonistas a dos ilustres representantes de la tierra que hoy me acoge con tanto cariño.

…Era un Diciembre de 1891 en la ciudad portuaria de Liverpool y en medio de uno de sus mas fríos inviernos, dos jóvenes venezolanos, uno médico y el otro historiador quienes cumplían funciones de misión diplomática en el Reino Unido, se alistaban para la llegada de la navidad lejos de su cálida tierra Larense. Quedaban pocos días para la Nochebuena y aunque lucía una meta casi imposible de alcanzar, se propusieron celebrar juntos la navidad, para así mitigar el frío y la distancia con una típica cena navideña venezolana, en la cual por supuesto no podía faltar su plato esencial: “la hallaca”. El guiso no supuso mayor limitación y ambos exhibieron allí sus mayores dotes culinarios, mezclando sabores y tradiciones de los valles del Tocuyo y el Turbio. El maíz, el cual pilaron ellos mismos en un mortero de madera junto a la adquisición de otros aliños les valió un viaje a Londres donde pudieron adquirirlo en la tienda de un ciudadano Trinitario ampliamente conocida por expender una variedad de productos tropicales. Del pabilo no existen detalles, pero supongo que cualquier cordel de fibra habrá hecho el trabajo. Sin embargo, lo que si supuso el mas grande desafío de ésta empresa fue el conseguir en aquellas remotas tierras del atlántico norte las hojas de plátano para la envoltura. Al no haber sustituto posible para éste estratégico envoltorio, los jóvenes diplomáticos se vieron obligados a apelar a sus privilegios consulares para adquirirlas en el único lugar posible, el Jardín de aclimatación de la Sociedad Botánica de Londres donde crecía el único ejemplar de ésta planta bajo condiciones controladas de calefacción. Para ello además, el proceso requirió de una experticia técnica por parte de la Sociedad de Historia Natural y un trámite burocrático que finalmente les autorizó bajo estricta custodia británica la extracción de cinco hojas de la codiciada planta. Y es así como finalmente la noche del 24 de Diciembre de aquel año bajo la entonación de un vals y golpe tocuyano los jóvenes doctores Lisandro Alvarado y José Gil Fortoul lograron consumar su venezolanísima hazaña culinaria.

Se nos va un Diciembre inmerecido, plagado por la tristeza. Hoy, nuestras marásmicas hallacas, depletadas de todos sus aliños tradicionales, se sirven como una proeza en la mesa de algunos hogares venezolanos. Otros no podrán darse ése lujo, mientras un gobierno hipócrita a través del pernil trafica ilusiones jugando con el hambre de un pueblo.

Al tiempo que un estudio reciente refleja que la actual crisis económica ha llevado al 75% de la población venezolana a perder un promedio de ocho kilos, la imagen de un pueblo famélico contrasta con aquellas que circulan en las redes sociales mostrando a importantes personeros del gobierno celebrando a plenitud y a todo lujo mientras exhiben no solo sus obesas figuras sino su mórbida decadencia moral.

Hoy, el hambre muestra la cara mas desgarradora de la crisis humanitaria venezolana. Las voces del hambre han hecho un eco resonador en la comunidad internacional que para el mundo es difícil de ignorar. Nuestra hallaca hoy nos hace recrear los antecedentes que dieron paso a la guerra de las harinas en el reino de Francia como preludio a la Revolución Francesa. El hambre no conoce de ideologías y su aplicación como herramienta de control social puede volcarse peligrosamente contra sus perpetradores.

No renuncio a la esperanza firme de que estamos cerca del final de ésta tragedia; por ello es que mis deseos para el año próximo es que podamos concertar todos nuestros esfuerzos como académicos y hombres y mujeres de ciencia en el rescate de ésta: “la generación del hambre”.

 

 

Alberto E. Paniz Mondolfi

Editor

Barquisimeto, 24 de Diciembre 2018.

Nota: Las opiniones expresadas en este editorial son responsabilidad exclusiva del editor y no representan necesariamente la posición oficial de la Academia.

One response on “Editorial: «La hallaca marásmica» – Boletín ANM

  1. Johnmyle Peña dice:

    Excelente editorial.

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